El litio: el dilema de la movilidad eléctrica

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El litio es la materia prima del futuro. Al menos de la próxima década. Se conoce como “oro blanco”, por su color blanco plata y porque en los últimos diez años se ha convertido en uno de los materiales más preciados mundialmente. La continua electrificación de todo lo que nos rodea lo plantea como la energía básica del futuro, sobre todo por su capacidad de almacenamiento y conducción.

La creciente demanda y popularidad de los coches eléctricos constituye una verdadera revolución del concepto de movilidad, pero presenta un factor limitante: la escasez de una de sus principales fuentes energéticas, el litio. Este material no solo es difícil de encontrar, sino que entorno a él gira el debate de su falta de ética con el medio ambiente y los derechos humanos.

En 1980, el científico John Goodenough junto a Koichi Mizushima desarrolló la primera batería de litio recargable. Desde entonces se ha usado como fuente de carga de todo tipo de aparatos electrónicos, ordenadores, móviles, cámaras… y en los últimos años también ha conquistado el sector de los vehículos eléctricos. Con lo que a medida que el uso de estos coches se expande, también aumenta la demanda de este metal.

Y ¿qué es el litio? Es el tercer elemento de la tabla periódica y se trata del metal más ligero que existe. El motivo por el cual este elemento es tan preciado para la industria de las baterías es que combina un gran potencial electroquímico con una baja masa equivalente. O lo que sería lo mismo: se puede extraer mucha energía eléctrica de una masa relativamente pequeña. En los últimos diez años los avances que se han conseguido en las baterías de ion-litio son enormes, sobretodo porque cada vez consiguen cargarse más rápido, durar más, aumentar su vida útil, y ofrecer más densidad energética, lo que se traduce en una mayor autonomía.

El litio se encuentra principalmente en salmueras naturales, pegmatitas, pozos petrolíferos, campos geotermales y agua de mar. Pero la distribución de este metal se aleja mucho de ser uniforme. Australia es el principal productor de litio, en 2018 produjo 51.000 toneladas métricas. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, en la triple frontera entre Bolivia, Chile y Argentina, conocida como el “triángulo del litio”, se encuentran enormes salares que contienen más de la mitad del litio detectado a escala mundial.

Se espera que la demanda mundial de este metal se multiplique en 2023, y eso no solo preocupa por su escasez material, sino porque además su extracción supone un gasto de energía y agua muy elevados. Recientemente, el Instituto de Medio Ambiente de Suecia publicó un estudio en el que se concluyó que fabricar una batería de iones de litio de 100kWh tiene como consecuencia la emisión de entre 150 y 200 toneladas de CO2, o lo que sería lo mismo que conducir un coche de gasolina durante ocho años.

No obstante, los fabricantes del sector del motor saben que este metal es clave para el éxito y desarrollo de los vehículos eléctricos, por eso algunas marcas ya están presionando y firmando acuerdos para garantizarse el suministro de litio para la fabricación de las baterías de sus coches eléctricos. Tesla ya ha cerrado un acuerdo de tres años de suministro y Volkswagen para diez años, ambas empresas lo han acordado con Gangfeng Lithium, el mayor productor chino de este material.

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